LOS PRINCIPIOS DEL OCHENTA Y NUEVE
Solemnemente proclamados, siempre invocados, por los unos con ironía y por los otros con entusiasmo, aunque por la inmensa mayoría con profundo respeto, se quería que los principios sobre los que la burguesía constituyente levantó su obra estuviesen fundados sobre la razón universal. Han hallado su expresión altisonante en la declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, cuya “ignorancia, olvido o desprecio Constituyen, según el preámbulo, las únicas causas de las desdichas públicas y de la corrupción de los gobiernos”. A partir de ese momento, las “reclamaciones de los ciudadanos, fundadas sobre principios simples e indiscutibles”, no podrán sino servir “al mantenimiento de la constitución y a la felicidad de todos”: creencia optimista en la todopoderosa razón, de acuerdo con el espíritu del siglo de la Ilustración.










